Reconocido como uno de los tejedores nacionales por la Secretaría de Cultura, Eulogio Chi Tzel es llamado el “Gran Maestro” de Bécal, ya que mantiene las tradiciones y realiza complicadas elaboraciones de tejido.

Con más de 60 años de experiencia, Eulogio Chi ha recibido más de 19 reconocimientos donde destacan un Galardón del Premio Estatal de Artesanías y un segundo lugar en el Tercer Concurso Nacional Fibras Vegetales de México, Tejido y Torcido Artesanal, igualmente es uno de los dos “Tesoros Humanos Vivos de Campeche”; dicho nombramiento es apegado a los acuerdos de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO de 2003. Feliciana Cocom May, es la segunda persona de este estado con este honor, gracias a su medicina tradicional desde los 12 años*.

Sobre los sombreros jipijapa de Bécal

A tan sólo dos horas de la ciudad de Campeche, se encuentra el pueblo de Bécal, famoso por ser el lugar donde confeccionan los sombreros de palma jipijapa, donde un grupo de artesanos se reúnen en cuevas para fabricar los elaborados sombreros, ya que se requieren condiciones de humedad para manejar la fibra de la palma por lo que no se podría realizar al aire libre.

Los sombreros jipijapa tienen orígenes en Ecuador y fueron descubiertos por los españoles en el siglo XIX, justo en tiempos del Virreinato de Nueva Granada, los cuales abarcaban países como: Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela.

Se llaman jipijapa porque así se le nombra a la palma que da vida a esta obra de arte, las cuales se abren en forma de abanico, también se denomina así por la región ecuatoriana donde era costumbre la fabricación de los mismos. Sombreros ligeros resistentes al agua y que cubren perfectamente del sol son fabricados artesanalmente en la ciudad de  donde se encuentra el pueblo de Bécal, Campeche.

El proceso de elaboración es completamente manual, comenzando con el cultivo y el cuidado de la palma para posteriormente cortarla en delgadas fibras; la dificultad para elaborar cada pieza depende del corte de la hoja de la palma; una vez obtenida una buena cantidad de fibras, la madeja o hilo se hornea para deshidratarla y conferirle su característico tono marfil; si se desea teñirla, éste es el momento ideal; fuera del horno, las fibras se cuelgan al sol para secarlas, y logrado lo anterior se introduce en las cuevas y cenotes que muchos de los habitantes de Bécal resguardan en sus patios y casas, la finalidad de esta inmersión bajo tierra es brindarle la humedad necesaria para manipular la fibra.

Mientras tejen, los dedos de los artesanos se entrecruzan con tal velocidad que es casi imposible capturar la maniobra con la mirada, por breves periodos despegan los ojos del tejido, pero ello no parece afectar el proceso; sus manos poseen vida propia y continúan el entramado sin errores, sin vuelta atrás; así se comprueba que tejer jipijapa requiere cabeza, destreza, pero también corazón. Terminada la pieza, se lleva a una prensa especial donde, al calor del hierro y el gas, es comprimida por apenas unos segundos hasta lograr la forma final del sombrero. Un sombrero puede tardar hasta un mes en su elaboración, dependiendo del diseño elaborado.

*Fuente: Material presentado por la Secretaría de Cultura del Estado de Campeche (SECULT), donde se reconoce las expresiones culturales y el trabajo tradicional del pueblo campechano.

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