La Feria Patronal de San Bernabé Ocotepec volvió a encender la alegría comunitaria este junio de 2026, reafirmando la identidad y el espíritu festivo de este pueblo originario de La Magdalena Contreras, con música, danzas, comparsas y el fervor religioso que lo distinguen desde hace generaciones.
Cada junio, San Bernabé Ocotepec, uno de los pueblos originarios de la Alcaldía La Magdalena Contreras, en la Ciudad de México, se transforma. Las calles adquieren otro ritmo, el templo se convierte en punto de encuentro y la comunidad vuelve a reunirse alrededor de una tradición profundamente arraigada: la fiesta patronal en honor de San Bernabé Apóstol, cuya celebración corresponde al 11 de junio. La edición 2026 tuvo como fechas principales los días 5, 6, 7 y 11 de junio, extendiendo durante varios días el ambiente festivo que caracteriza a esta antigua comunidad.
La celebración tiene detrás una historia mucho más profunda que la de una feria contemporánea. Ocotepec, voz de origen náhuatl asociada con el “cerro de ocotes”, remite al paisaje boscoso que históricamente rodeó al pueblo. Diversas investigaciones ubican sus raíces prehispánicas en la presencia de grupos de filiación tepaneca, otomí y chichimeca, en un territorio que formaba parte del complejo cultural del suroeste de la Cuenca de México.
Con la conquista y el proceso de evangelización, aquel antiguo asentamiento fue incorporado a una nueva organización religiosa y territorial. Hacia 1535 ya existía en Ocotepec un templo dedicado a San Bernabé, bajo la jurisdicción de frailes dominicos. El primer templo cristiano fue levantado sobre un espacio prehispánico y todavía hoy el atrio conserva vestigios asociados con aquel pasado, entre ellos un aro de juego de pelota y una pieza ceremonial de piedra.
Ese cruce entre pasado indígena, tradición católica y vida comunitaria explica buena parte de la fuerza cultural de la fiesta. No se trata simplemente de una celebración religiosa, es también una forma de reconocerse como pueblo.
El Lienzo de San Bernabé: memoria de territorio e identidad
Pocas comunidades de la Ciudad de México poseen un testimonio histórico tan significativo como el Lienzo de San Bernabé Ocotepec. El documento colonial, conservado tradicionalmente por la comunidad, registra la congregación del pueblo, sus límites, nomenclatura y territorio. El original corresponde al siglo XVI y la comunidad conserva una copia posterior, realizada en el siglo XVIII, que durante generaciones ha tenido un importante valor histórico, cultural y jurídico para los habitantes.
Más que una pieza documental, el lienzo se ha convertido en símbolo de pertenencia. Sus imágenes y referencias territoriales recuerdan que la historia de San Bernabé Ocotepec no comenzó con la ciudad moderna que hoy lo rodea. El pueblo existía antes de que esta zona formara parte de la enorme mancha urbana y ha conseguido mantener una conciencia comunitaria propia pese a las transformaciones de la capital.
La investigación antropológica sobre Ocotepec señala precisamente a sus fiestas y formas de organización comunitaria como mecanismos mediante los cuales se reproducen y fortalecen la identidad colectiva. La fiesta patronal, en ese sentido, constituye una expresión viva de continuidad cultural.
San Bernabé Ocotepec 2026: un domingo de tradición y alegría
El domingo 7 de junio, la Revista Soy Puro Mexicano, atendiendo a la cálida invitación de los organizadores y autoridades tradicionales, se integró a las entrañas de esta festividad, con el objetivo periodístico de documentar no solo el folclore, sino el tejido social que sostiene a estos pueblos originarios. Al caminar por sus calles, lo primero que impacta es la atmósfera. Lejos del tumulto de la urbe, San Bernabé ofrece un refugio familiar, seguro y tranquilo, donde las puertas y los corazones de sus habitantes se abren de par en par para compartir su mesa y su historia.
La jornada inició con el recorrido procesional del santo patrono por las principales arterias del pueblo. La imagen de San Bernabé, escoltada por autoridades tradicionales y fieles, avanzaba bajo un manto de pétalos y el humo del copal. El aire se llenó de los sones de la banda de viento, un acompañamiento musical que no solo marca el paso, sino que dicta el pulso de la comunidad.
Sin embargo, el verdadero espectáculo de color, disciplina y devoción estalló con la llegada de las comparsas invitadas. Desde el vecino y hermano pueblo de San Nicolás Totolapan, arribaron la Comparsa de Caporales Los Amigos y la Comparsa de Caporales La Mera Mera. Sus botines repicando al unísono, sus vestuarios brillando bajo el sol del mediodía y sus coreografías ensayadas con perfección, pero ejecutadas con el alma del danzante, dejaron a propios y extraños sin aliento. A ellos se sumaron imponentes Comparsas de Chinelos, cuyas máscaras de terciopelo y barbas postizas guardan el secreto de la burla histórica y el sincretismo religioso. Juntos, danzantes de San Bernabé, Totolapan y otros pueblos aledaños, dibujaron en el poblado un mosaico de identidad que desafía al tiempo.
Fue en este contexto de efervescencia cultural donde presenciamos uno de los rituales más íntimos y significativos de la región: el tradicional intercambio del pulque entre los pueblos de San Bernabé Ocotepec y proveniente de la Alcaldía Álvaro Obregon, San Bartolo Ameyalco. Donde representantes de estos pueblos hermanos compartieron la bebida de los dioses. Este acto, que trasciende el simple brindis, es un pacto de hermandad, una ofrenda a la tierra y un homenaje a los ancestros matlatzincas y nahuas que alguna vez dominaron estos valles. Como equipo de Soy Puro Mexicano, tuvimos el privilegio de ser testigos y partícipes de este momento, degustando el pulque curado y la deliciosa gastronomía local, mientras las entrevistas con los danzantes y organizadores nos revelaban el orgullo de mantener vivas estas raíces frente a la modernidad.
"El pulque nos une, nos recuerda que somos hijos del maguey, que nuestra sangre es de esta tierra", comentó uno de los organizadores, visiblemente emocionado, mientras la banda de viento interpretaba un son que invitaba a todos a bailar.
Comida, música y convivencia
En medio de aquella algarabía, la gastronomía ocupó también un lugar especial. Soy Puro Mexicano tuvo la oportunidad de compartir una deliciosa comida en compañía de los organizadores, danzantes e invitados, en una convivencia cálida que reflejó uno de los rasgos más valiosos de estas celebraciones: la capacidad de recibir al visitante como parte de la fiesta.
Más allá de la música y las danzas, lo que sobresale es el carácter familiar y comunitario de la celebración. Se percibe una fiesta alegre y bulliciosa, pero al mismo tiempo tranquila, hospitalaria y cercana; una celebración en la que las familias conviven, los visitantes son recibidos con cordialidad y las generaciones mayores comparten con las más jóvenes aquello que recibieron de sus propios padres y abuelos.
La alegría no cancela la tradición, es precisamente una de sus formas de supervivencia.
Una tradición que permanece frente a la modernidad
San Bernabé Ocotepec ha experimentado transformaciones profundas con el paso del tiempo. La urbanización lo integró a la dinámica metropolitana de la Ciudad de México, pero no logró borrar su esencia. Sus calles, su templo, sus fiestas patronales, las danzas que animan cada celebración, los vínculos con pueblos vecinos y la memoria territorial que lo sostiene continúan articulando una identidad propia y resistente.
Cada junio, cuando la imagen de San Bernabé recorre las principales calles, la procesión se convierte en un acto de reafirmación, es el pueblo proclamando que sigue vivo, que su historia y su cultura permanecen intactas frente a los cambios externos.
La Feria Patronal de San Bernabé Ocotepec 2026 fue precisamente esa declaración de permanencia. Durante los días de fiesta, la comunidad se unió en un mosaico de fe, cultura y convivencia, con procesiones solemnes, comparsas de caporales, chinelos y el tradicional intercambio de pulque que fortaleció la hermandad con pueblos vecinos.
La música de viento y las coreografías ensayadas dieron un aire espectacular a la celebración, mientras la calidez de los habitantes ofrecía un ambiente familiar, seguro y alegre. Más allá de lo religioso, esta feria se convirtió en un símbolo de unión y pertenencia, recordando que la fuerza de la cultura mexicana se sostiene en la vitalidad de sus pueblos originarios.