En las calles que resguardan la memoria viva de Santiago Acahualtepec, uno de los catorce pueblos originarios de la alcaldía Iztapalapa, en la Cuidad de México, la fiesta de carnaval es una herencia que se respira, se escucha y se honra generación tras generación. Este pueblo originario conserva, con profundo arraigo, una de las expresiones culturales más representativas del oriente de la capital, donde la tradición de charros, comparsas y cuadrillas se entrelaza con la historia comunitaria.
El nombre mismo del pueblo es un poema en náhuatl. Acahualtepec deriva de los vocablos Acahual (flor de acahual) y tepetl (cerro, locativo), traduciéndose como "Cerro del Acahual". Santiago, por su parte, honra al apóstol patrono que, según la tradición oral, llegó al pueblo en el siglo XVII después de un peregrinaje desde Veracruz, cruzando el lago de Texcoco en canoa hasta Culhuacán, y descansando finalmente en estas tierras donde la estatua se volvió tan pesada que los cargadores no pudieron moverla, señal divina de que el santo quería permanecer allí para siempre. Esta historia fundacional, transmitida de generación en generación, es el sustrato sobre el cual se construye cada celebración, cada desfile, cada nota de las bandas de viento que resuenan en marzo.
El Carnaval de Santiago Acahualtepec no es una fiesta improvisada. Se celebra oficial y anualmente dos fines de semana antes del Domingo de Ramos, con un recorrido que atraviesa los ejes viales 6 (Avenida Las Torres) y 8 (Ermita Iztapalapa). Pero detrás del desfile hay meses de preparación: desde septiembre hasta noviembre, cada cuadrilla realiza recorridos individuales, haciendo la pedida de su reina de carnaval o festejando su aniversario. Es una tradición que se cocina en las casas, se organiza por barrios y se vive en familia, a diferencia de los carnavales masivos y comerciales que priorizan el espectáculo sobre la comunidad.
Carnaval 2026: Cuatro Días de Fiesta, Identidad y Comunidad
La edición 2026 del Carnaval de Santiago Acahualtepec se celebró los días 13, 14, 15 y 16 de marzo, siguiendo el calendario litúrgico que marca la Cuaresma y manteniendo la tradición de que el pueblo festeje antes de que llegue el tiempo de ayuno y reflexión. Cuatro días en que el pueblo originario se transforma en escenario, en que sus avenidas se vuelven pistas de baile y sus habitantes —de ocho a ochenta años— se convierten en protagonistas de una historia que lleva más de dos siglos escribiéndose.
Tuvo su punto culminante el domingo 15 de marzo con su gran desfile, y Soy Puro Mexicano estuvo presente para levantar un reportaje que documentará esta hazaña cultural para las futuras generaciones. Nuestro equipo se integró al flujo de la fiesta desde las 12:00 del mediodía, cuando el primer carro alegórico comenzó a avanzar, hasta el anochecer, cuando las últimas notas de las orquestas se desvanecieron en el aire fresco de la tarde. No fue una cobertura superficial: se grabó video documental entrevistando a integrantes de cuadrillas y comparsas, quienes entre risas y el sonido de fondo de los ensayos, compartieron el orgullo que representa portar el traje de charro o el disfraz tradicional. No hay guion en sus palabras, solo la verdad de quien sabe que está cuidando un legado.
Lo que presenciamos supera cualquier descripción periodística convencional. El dato es contundente y habla del fervor local: hubo asistentes que permanecieron en las banquetas por más de seis horas ininterrumpidas, soportando el sol y el cansancio, motivados únicamente por el deseo de ver pasar a sus vecinos, a sus reinas y a sus comparsas. No hay boleto que compre esa lealtad; solo el sentido de pertenencia. Familias enteras tomaron posesión de las aceras a lo largo de las avenidas principales del poblado, con abuelos que recordaban los carnavales de su infancia, padres que presentaban por primera vez la tradición a sus hijos nacidos ya en la ciudad urbanizada, y niños que corrían entre los puestos de comida tradicional con la alegría inocente de quien no sabe que está siendo testigo de historia viva.
Las comparsas de charros fueron el alma del desfile. Con sus trajes de gala bordados, sombreros de ala ancha y botas lustrosas, marcharon con orgullo y distinción. Organizaciones, cuadrillas y comparsas desfilaron con sus respectivas reinas, cada una coronada no solo por diademas, sino por el respeto de su comunidad. Los carros alegóricos fueron el trono de las reinas de cada comparsa, luciendo radiantes mientras saludaban a la multitud desde plataformas decoradas con flores y motivos locales. Acompañadas de bandas de viento y orquestas que no dejaron de tocar ni un solo minuto, la música funcionó como el hilo conductor que unió a los miles de asistentes.
El público asistente que entrevistamos, compartió testimonios que reflejan la profundidad emocional de esta tradición. "Vengo desde que era niña con mi abuela, ahora traigo a mis nietos", comentó una vecina de la localidad. "Esto no es solo fiesta, es saber de dónde venimos", agregó un integrante de una cuadrilla de charros. Estas palabras, grabadas en video y preservadas en nuestro reportaje especial, son la prueba de que el carnaval en Acahualtepec es un acto de cohesión social, un ritual de firmeza tradicional frente a la homogeneización urbana.
El ambiente fue de plena alegría y familiaridad. No hubo incidentes, solo celebración. Las familias se organizaron para compartir comida, los vecinos se prestaron sillas y bancos para que todos pudieran ver, y los niños corrieron entre las piernas de los adultos sin miedo, sabiendo que estaban en casa, en su territorio, en su pueblo. Cuando el sol comenzó a caer sobre la Sierra de Santa Catarina que colinda al sur del pueblo, el último carro alegórico cruzó la plaza cívica entre aplausos y vítores. Eran ya casi las seis de la tarde, y aunque el cuerpo estaba cansado, el espíritu estaba renovado.
El Legado que No Se Apaga
El Carnaval de Santiago Acahualtepec 2026 cierra sus puertas este 16 de marzo, pero deja encendida una llama importante en el oriente de la Ciudad de México. En una época donde las tradiciones suelen diluirse frente al entretenimiento globalizado, este pueblo de Iztapalapa nos enseña que la identidad se construye día a día, y se celebra con orgullo. La cobertura realizada por Soy Puro Mexicano busca precisamente eso: documentar para preservar. Porque cuando registramos estas fiestas, no solo guardamos imágenes de disfraces y reinas; archivamos la prueba de que la mexicanidad, con su jolgorio, su fe y su alegría familiar, sigue siendo el motor más potente de nuestra cultura.
Acahualtepec, el "Cerro del Acahual", sigue siendo un santuario laico donde la historia no se estudia en libros, se camina en sus calles, se baila en sus plazas y se canta en sus carnavales. Que suene la música, que pasen las reinas, y que Santiago Acahualtepec siga siendo, por unos días más y para siempre, el centro del universo mexicano. ¡Puro Santiaguito! —como reza su lema—, porque en este pueblo, la tradición no se guarda, se vive.
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