Desde los carnavales indígenas de montaña hasta los grandes espectáculos portuarios; desde los saltos frenéticos de los chinelos hasta los desfiles masivos junto al mar; desde los barrios más antiguos de la Ciudad de México hasta los pueblos mayas, afromexicanos y mestizos del sur, el carnaval es un espejo donde México se mira, hace sátira, se libera y se reconoce.

Antes de la solemnidad de la Cuaresma, el carnaval abre una grieta en el tiempo, todo se permite, la risa vence a la jerarquía, la máscara protege y libera, y la música convoca a la calle como escenario principal.

Historia del carnaval en México: herencia, fusión y resignificación

El carnaval llegó a México durante la Colonia como parte del calendario cristiano europeo, vinculado a los días previos a la Cuaresma. Sin embargo, al encontrarse con los pueblos originarios, esta festividad se transformó profundamente. En muchas culturas indígenas ya existían rituales de renovación, inversión del orden, burla ceremonial y celebración del ciclo agrícola. El carnaval fue, entonces, adoptado y resignificado.

Así, en México el carnaval dejó de ser únicamente una fiesta religiosa y se convirtió en un espacio de crítica social, un ritual de renovación comunitaria, un escenario de identidad cultural y una expresión de libertad popular. Por ello, cada región desarrolló su propia manera de celebrar.

El corazón del carnaval tradicional: Morelos, Estado de México y los Chinelos

Carnavales de Morelos

Ningún carnaval en México es tan emblemático como el de los Chinelos en Morelos. Nacido en el siglo XIX como una forma de burla hacia los hacendados españoles, esta danza se ha convertido en símbolo estatal y patrimonio cultural inmaterial.

En municipios como Tlayacapan, Tepoztlán, Yautepec, Jiutepec y Totolapan, el carnaval se vive como una herencia familiar. Los protagonistas son los Chinelos, personajes ataviados con túnicas bordadas, sombreros altos y máscaras de rasgos exagerados.

El baile o brinco del chinelo, caracterizado por saltos constantes al ritmo de los sones de las bandas de viento, nació como una sátira hacia los españoles durante el periodo colonial. Hoy es emblema de orgullo regional. Durante varios días, las calles se llenan de comparsas, música, baile, banderas, pólvora, comida tradicional y convivencia.

Carnavales del Estado de México

En el vecino Estado de México, el carnaval también late fuerte. En municipios como Texcoco, La Paz, Chimalhuacán, Atenco, Chalco, Ixtapaluca, Tepetlixpa por mencionar algunos, el carnaval combina charros, chinelos con otros personajes tradicionales, carros alegóricos y comparsas barriales. Aquí, el carnaval es también una competencia simbólica entre barrios, donde cada comparsa busca destacar por su música, vestuario y energía.

En Tepozotlán, el festejo incluye la representación de “La Malinche” y “El Toro”, mientras que en San Juan Teotihuacán, los “Huehues” (ancianos) bailan con máscaras de madera y trajes multicolores. En Texcoco, se celebra con concursos de comparsas y coronación de reyes infantiles y adultos.

Uno de los más notables es el Carnaval de San Mateo Atenco, donde se combinan elementos prehispánicos con la tradición católica: los danzantes portan atuendos con motivos florales y realizan ofrendas a la tierra. En Metepec, el carnaval incluye la “Danza de los Santiagos”, una representación teatral de la lucha entre moros y cristianos.

La Ciudad de México: Carnavales vivos en barrios y pueblos originarios

Aunque la capital no es famosa por grandes carnavales, en sus alcaldías y colonias populares la tradición se mantiene viva con fervor local. En alcaldías como Iztapalapa, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, comunidades organizan concurridos carnavales con bandas, comparsas, charros, chinelos, bailes populares, reinas y carros alegóricos.

Peñón de los Baños (Venustiano Carranza)

Con más de 140 años de historia, este carnaval es uno de los más antiguos de la ciudad. Comparsas tradicionales recorren las calles acompañadas de música de banda y chinelos, reforzando la identidad barrial.

Iztapalapa

En pueblos originarios como San Lorenzo Tezonco, Santa María Aztahuacan, Santa Cruz Meyehualco y San Juanico Nextipac, Santa Marta Acatitla, Santiago Acahualtepec, San Sebastián Tecoloxtitlan entre otros, el carnaval es multitudinario. Las comparsas charras destacan, mezclan tradición, sátira, música popular y estética urbana, convirtiendo al carnaval en una poderosa expresión social. Las calles se llenan de color carros alegóricos, reinas, bandas de música, comparsas, charros, botargas y otros personajes ficticios que también animan el jolgorio.

Xochimilco

En San Gregorio Atlapulco, Santa Cruz Acalpixca, San Luis Tlaxialtemalco y Santiago Tulyehualco los carnavales combinan chinelos, danzas tradicionales y música regional, manteniendo viva la identidad lacustre de la zona.

Tláhuac

En diversos pueblos de la alcaldía Tláhuac, las celebraciones tienen su esencia en las comparsas de charros y caporales, donde por las calles desfilan bailando acompañados por bandas de viento, desbordando inmensa alegría.

Coyoacán y Gustavo A. Madero

En barrios y pueblos como Los Reyes Coyoacán, Santa Úrsula Coapa, San Juan de Aragón y Cuautepec, el carnaval fortalece la vida comunitaria y la memoria histórica local. Particularmente emotivo es el Carnaval de la Villa de Guadalupe, en Gustavo A. Madero, donde familias enteras participan en desfiles con disfraces caseros y bandas locales.

Estos festejos son auténticos ejemplos de cómo el carnaval pervive en la vida cotidiana, lejos de los reflectores, pero cerca del corazón. Y muchos otros son los barrios originarios de diversas alcaldías de la Ciudad de México, que aún conservan sus tradiciones con festejos de carnaval.

Carnavales del Golfo y el Pacífico: Fama, mar y fiesta

Carnaval de Veracruz – El más antiguo de América

Fundado en 1866, el Carnaval de Veracruz es el más antiguo de América y uno de los más importantes del mundo hispanohablante. Durante nueve días, la ciudad se transforma en un epicentro de música, danza y color. Todo comienza con la “quema del mal humor” y culmina con el “entierro de Juan Carnaval”.

Destacan el Desfile Nocturno de Comparsas, donde miles de bailarines desfilan al ritmo de congas, y el Desfile de Carrozas, con estructuras monumentales iluminadas. La elección de los reyes del carnaval —figuras simbólicas que gobiernan la fiesta— es un evento mediático. Aquí, la música tropical, el son jarocho y la cumbia se mezclan en una sinfonía callejera que dura hasta el amanecer.

Carnaval de Mazatlán – El más grande del Pacífico

En Mazatlán, Sinaloa, el carnaval se celebra desde 1898 y es conocido como “el más grande del Pacífico”. Se distingue por su organización impecable, sus espectáculos pirotécnicos y su famoso “Burning of Bad Humor” en la playa Olas Altas. El Desfile de Luces y el Desfile de Comparsas atraen a cientos de miles de personas.

Lo más distintivo es la figura de “Juan Carnaval”, un muñeco gigante que representa todos los males del año y que es quemado en la noche del Martes de Carnaval. Mazatlán también destaca por su fuerte componente familiar: actividades para niños, conciertos gratuitos y zonas de comida típica hacen del carnaval una experiencia inclusiva.

Carnaval de Guaymas – Sonora en fiesta

En el norte del país, Guaymas celebra su carnaval desde 1888, convirtiéndolo en uno de los más antiguos del noroeste. Con influencias caribeñas y sinaloenses, el carnaval guaymense combina música de banda, mariachi y electrónica. El Desfile de las Mil Comparsas es su máxima expresión, con participantes de toda la región vestidos con trajes brillantes y máscaras elaboradas.

Una tradición única es la Coronación del Rey Feo, una sátira sobre la belleza y el poder que data del siglo XIX. También se realiza la Quema del Mal Humor en la bahía, con fuegos artificiales que iluminan el mar.

Carnaval de Manzanillo – Fiesta en la Costa Dorada

En Manzanillo, Colima, el carnaval es una fiesta costera llena de sol, mar y ritmo. Se caracteriza por su ambiente relajado y familiar, con eventos en la Playa Miramar y el malecón. Incluye concursos de disfraces, elección de reina, y presentaciones de grupos locales de cumbia y salsa. Aunque menos masivo que otros, su encanto radica en su autenticidad y cercanía comunitaria.

Carnavales del sureste: Raíces mayas y caribeñas

Carnaval de Mérida – Yucatán en movimiento

En Mérida, el carnaval se celebra con una mezcla de tradición peninsular y modernidad. Aunque no tan antiguo como los del Golfo, ha ganado popularidad en las últimas décadas. Destacan los desfiles de comparsas en el centro histórico, los conciertos en el Parque de la Paz y la Noche Blanca, donde la ciudad se viste de blanco y baila al ritmo de la trova yucateca.

Una particularidad es la participación de comparsas escolares y universitarias, que crean coreografías originales con temáticas sociales o culturales. Además, se realizan ferias gastronómicas con cochinita pibil, panuchos y salbutes.

Carnaval en Campeche y Quintana Roo

En Campeche, el carnaval incluye la tradicional Batalla de Flores y desfiles con influencia caribeña. En Chetumal y Cancún, aunque más recientes, los carnavales han adoptado elementos de la cultura caribeña y latinoamericana, con comparsas inspiradas en Brasil y el Caribe, pero con toques locales como el uso de trajes con motivos mayas o fauna regional.

Carnavales históricos y culturales

Carnaval de Huejotzingo, Puebla: Una de las celebraciones más complejas del país. Recrea batallas históricas y leyendas locales con vestuarios elaborados y participación masiva.

Putla Villa de Guerrero, Oaxaca: Carnaval indígena profundamente ritual, con danzas tradicionales y cosmovisión ancestral.

San Juan Chamula, Chiapas: Celebración única donde se fusionan rituales mayas y católicos, con fuerte carga simbólica.

Ocozocoautla, Chiapas: Carnaval Zoque vinculado a rituales agrícolas y ancestrales.

Carnaval de Chiautempan, Tlaxcala: Celebra la diversidad de danzas y comparsas en un carnaval que se distingue por su duración y participación comunitaria, con eventos que celebran la danza y el color en todas sus formas.

Carnaval de Autlán de la Grana, Jalisco: Una expresión del carnaval jalisciense que mezcla tradición local con música y desfile de comparsas, potenciando la identidad regional.

Algunos otros carnavales emblemáticos de México:

  • Carnaval de Tlaxcala: Pequeño pero significativo, con danzas de “Huehues” y “Moros y Cristianos”.
  • Carnaval de Oaxaca: En la capital y en pueblos como Juchitán, se celebran con danzas zapotecas y mixtecas, y uso de máscaras de origen prehispánico.
  • Carnaval de Zacatecas: Con desfiles en el centro histórico y música de tamborazo.
  • Carnaval de Tapachula, Chiapas: Influenciado por la cultura centroamericana, con comparsas multicolores y ritmos afrocaribeños.
  • Carnaval de Ensenada, Baja California: Con toques náuticos y concursos de disfraces en la playa.
  • Tampico, Ciudad Madero y Altamira en Tamaulipas: Estos carnavales urbanos del Golfo Norte ofrecen desfiles, conciertos y actividades familiares que fortalecen la identidad regional.
  • Carnaval de Cozumel: Con más de 150 años de historia, es uno de los carnavales más antiguos del país. Combina comparsas caribeñas, música tropical y tradición insular.
  • Cancún y Playa del Carmen: Carnavales contemporáneos y multiculturales que reflejan la diversidad de visitantes y residentes, con espectáculos modernos y desfiles internacionales.
  • Puerto Vallarta, Jalisco: Carnaval turístico que mezcla tradición local con espectáculos contemporáneos frente al malecón.

¡Viva el carnaval mexicano!

Como hemos visto en este recorrido, México no tiene un solo carnaval: tiene decenas, cientos, tantos como comunidades dispuestas a salir a la calle, a bailar bajo la lluvia o el sol, a reírse del poder y a honrar la tradición. Desde los cerros de Morelos hasta las playas de Sinaloa, desde los barrios de Iztapalapa hasta el corazón de Mérida, el carnaval es una fiesta del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

De acuerdo con estudios culturales, México podría tener más de 300 carnavales organizados en comunidades y ciudades, algunos con más de 400 años de historia y otros que han evolucionado con influencia urbana contemporánea, sumando hasta 500 celebraciones carnavalescas en total.

Celebrar el carnaval en México es recorrer un país de mil colores, rítmicas batallas de comparsas, comunidades enteras que se visten de fiesta y tradiciones que se actualizan cada año. Más que una fiesta, el carnaval mexicano es patrimonio vivo, un puente entre pasado y presente que invita a visitantes de todas partes a participar de una de las expresiones culturales más intensas y auténticas de Latinoamérica.

Y mientras haya quien vista una máscara, quien toque un tambor, quien grite y baile México seguirá siendo, en febrero y marzo, el país más alegre, más colorido y más auténtico del mundo.

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